Ramales de la Victoria, 30 de julio de 2025
Caracterización del encinar cantábrico en la franja vasco-asturiana en relación con el estado de conservación y usos asociados.
El encinar cantábrico es un tipo de bosque mediterráneo que, sin embargo, vive en la cornisa cantábrica bajo unas condiciones climáticas que no son las óptimas ni para la encina ni para otras especies acompañantes. Por este motivo, se considera un bosque relicto en nuestro territorio, lo que le confiere una gran importancia y singularidad. En la actualidad, este bosque se distribuye desde la zona oriental de Asturias (Llanes) hasta los alrededores de
Zarautz (Guipúzcoa), abarcando una franja de anchura desigual que puede ser de bastantes kilómetros en el caso de Cantabria y el País Vasco, donde ocupa buena parte de los macizos calizos de las comarcas costeras y de interior. El motivo de que el encinar cantábrico se asiente sobre este tipo de suelo es que se trata de los suelos más secos de nuestro entorno ya que, a pesar de las abundantes precipitaciones que se dan en la cornisa cantábrica, el agua permanece poco tiempo en ellos. Es decir, se trata de una estrategia de huida del exceso de agua buscando unas condiciones similares a las del mundo mediterráneo de donde es originario.
Además de la propia encina (Quercus ilex), en el encinar cantábrico participan un buen número de especies típicamente mediterráneas, como el madroño (Arbutus unedo), el aladierno (Rhamnus alaternus), el laurel (Laurus nobilis), el labiérnago (Phillyrea latifolia), la zarzaparrilla (Smilax aspera), el brusco (Ruscus aculeatus) o el rosal siempreverde (Rosa sempervirens), que se caracterizan por presentar hojas perennes y endurecidas, una
singularidad en la cornisa cantábrica, al tratarse de un territorio de clima templado propio de bosques de hojas blandas y caducas. Junto a ellas, aparecen también en mayor o menor medida otras especies de hoja caduca, tanto árboles como arbustos, como el roble (Quercus robur), el fresno (Fraxinus excelsior), el espino albar (Crataegus monogyna), el mostajo (Sorbus aria, Sorbus aucuparia), el cornejo (Cornus sanguinea), el aligustre (Ligustrum vulgare), el endrino (Prunus spinosa) o el avellano (Corylus avellana), lo que hace del encinar cantábrico un bosque muy singular.
Tal y como sucedió con otros bosques autóctonos de nuestro entorno, el encinar cantábrico fue intensamente explotado por el ser humano durante siglos, siendo el beneficio principal la madera de la propia encina y de otras especies del encinar, como el madroño y el laurel, obtenida mediante la corta a matarrasa que dejaba la base del tronco de manera que estos árboles rebrotaban de cepa. Esta madera, o más bien leña, se utilizaba principalmente como combustible doméstico para cocinar y para calentar las casas, así como fuente para la obtención de carbón vegetal para alimentar las ferrerías que proliferaron en el ámbito cantábrico. Como resultado de estas y otras actividades, durante la época moderna, entre los siglos XVI y XIX, la presión sobre los encinares cantábricos fue en aumento, hasta llegar
al siglo XX en el que una gran parte de los encinares que observamos en la actualidad se encontraban prácticamente deforestados a causa de la tala intensiva que venían sufriendo desde hace siglos.
Tras el abandono de la leña como combustible doméstico con la llegada a los hogares del gas butano, y tras el abandono asimismo del carbón vegetal como combustible industrial al cesar la actividad de las ferrerías, la presión sobre estos bosques disminuyó hasta que, finalmente, hace cerca de cuatro o cinco décadas se abandonó casi por completo la explotación del encinar cantábrico. Esto hizo que, poco a poco, este bosque tan singular comenzase a recuperarse paulatinamente.
En este contexto, el proyecto Bosques Flotantes, coordinado por la Fundación Naturaleza y Hombre, tiene como objetivo revertir el proceso de deforestación histórica de la Montaña Oriental cántabra, implementando diferentes actuaciones en favor de los bosques y la biodiversidad, restaurando los encinares y los bosques caducifolios que una vez dominaron estas montañas. En el marco de este proyecto, la acción A2 titulada “Caracterización del encinar cantábrico en la franja vasco-asturiana en relación con el estado de conservación y usos asociados” tiene como objetivo global, por lo tanto, caracterizar el encinar cantábrico con el fin de conocer su estado actual, categorizar las distintas poblaciones, determinar los procedimientos de gestión más eficaces y diseñar estrategias de conservación ajustadas a la realidad de sus distintas poblaciones. Por consiguiente, esta acción contribuirá a obtener información de base que pueda ayudar a contextualizar la evolución histórica de los encinares cantábricos y determinar su estado actual, sirviendo como recurso técnico necesario para poder desarrollar diferentes actuaciones de carácter ambiental. Asimismo, esta información servirá como recurso educativo y ecoturístico para el desarrollo de acciones relacionadas con esta temática.
Para ello, se han seleccionado un total de siete encinares en los que se han llevado a cabo prospecciones de campo con el objetivo de obtener datos necesarios para su caracterización y para evaluar su estado de conservación. Los encinares seleccionados son los siguientes:
- Encinar de San Emeterio (Ribadedeva, Asturias)
- Encinar de Peñas Negras (Santa Cruz de Bezana, Cantabria)
- Encinar de Peña Cabarga (Medio Cudeyo, Cantabria)
- Encinar del monte Buciero (Santoña, Cantabria)
- Encinar del monte Moro (Ramales de la Victoria, Cantabria)
- Encinar de La Ermita (Castro Urdiales, Cantabria)
- Encinar del monte Axbiribil (Forua, Vizcaya)
De esta forma, hay una representación de encinares de las tres regiones que integran el proyecto Bosques Flotantes, es decir, Asturias, Cantabria y el País Vasco.
Para evaluar el estado de conservación, en cada uno de los encinares seleccionados se ha prospectado una parcela circular de 10 m de radio, en la que se obtuvieron datos que permitieron calcular diferentes variables que se detallan a continuación:
- Estructura de la masa forestal, evaluada a partir de la densidad de pies arbóreos y del área basal, siendo esta última la suma de las áreas transversales de todos los troncos (es decir, representaría la cantidad de espacio que ocupan los troncos de los árboles). Estas variables se calcularon por hectárea.
- Cantidad de madera muerta, es decir, el volumen de madera muerta calculado también por hectárea.
- Composición de la vegetación, para lo cual se realizaron inventarios florísticos en los que se anotaron todas las especies de flora vascular presentes y se estimó su cobertura.
Con esta información, y en aplicación de los criterios de la Comisión Europea con respecto a la Directiva Hábitats (Directiva 92/43/CEE), el estado de conservación de los encinares cantábricos se ha evaluado dentro de alguna de las siguientes categorías: favorable, desfavorable-inadecuado, desfavorable-malo y desconocido.
De las diferentes variables estudiadas para evaluar el estado de conservación, destaca especialmente la densidad de pies arbóreos, con unos valores de entre 5.000 y 10.000 pies/ha en los encinares prospectados. Estos valores tan altos reflejan, por un lado, la juventud de estos encinares cantábricos y, por otro, el tipo de gestión al que fueron sometidos durante siglos hasta la segunda mitad del siglo XX, con una explotación en régimen de monte bajo aprovechando la gran capacidad de rebrote de la encina, y cuyos efectos perduran hasta la actualidad. Además, si bien la encina ha sido la especie que más ha contribuido a la densidad de pies arbóreos en algunos de los encinares estudiados, hay otras especies como el laurel y, especialmente, el labiérnago, que también han contribuido de manera significativa. De hecho, el labiérnago ha sido la especie dominante en las parcelas prospectadas en los encinares de Peña Cabarga, monte Moro y monte Axbiribil.

Sin embargo, en los resultados relativos al área basal destaca el hecho de que es la encina la especie que, de manera clara, más ha contribuido a este indicador, con más de un 70 % del área basal correspondiente con esta especie en todos los casos. Esto indicaría que los ejemplares de mayor envergadura en estos encinares son mayoritariamente encinas.
Con respecto a la madera muerta, con la excepción del encinar de Peñas Negras donde en la parcela muestreada apenas se encontraron restos de madera muerta, en los restantes encinares la presencia de este elemento fue mucho más importante, en especial en los encinares de La Ermita, monte Moro y monte Buciero. Sin embargo, la falta de trabajos con los que comparar los resultados obtenidos impide concluir si estos valores son altos o bajos.

Finalmente, el análisis de la composición de la vegetación indica que, además de la propia encina, las especies dominantes son especies de hoja perenne características de este tipo de bosque, como el madroño, el labiérnago, el laurel, el brusco, la hiedra o la zarzaparrilla, a las que acompañan otras especies de hoja caduca de distribución más amplia, como el roble, el avellano, el espino albar o el majuelo. Es decir, se trata de especies de óptimo forestal o de la orla del encinar o de otros bosques del territorio, como el robledal, con una ausencia de especies generalistas o de espacios abiertos que tienden a aparecer cuando el bosque se halla sometido a diferentes perturbaciones de origen humano. Por lo tanto, los encinares estudiados presentan una composición florística acorde a este tipo de bosque.
A modo de conclusión, a pesar de que los indicadores relativos a la cantidad de madera muerta y a la composición de la vegetación muestran un estado favorable, la deficiente estructura forestal de los encinares cantábricos estudiados hace que el estado de conservación de este bosque haya de evaluarse como DESFAVORABLE-INADECUADO en todos los casos. Por consiguiente, para alcanzar un estado de conservación favorable deberían implementarse actuaciones encaminadas a mejorar la estructura forestal, como la disminución de la densidad de pies de encina y otras especies para que puedan desarrollarse ejemplares de gran envergadura con copas bien definidas. Esto ayudaría a que el encinar cantábrico evolucionara hacia un estado maduro, situación muy alejada de la actual.



Bosques Flotantes cuenta con el apoyo de la Fundación Biodiversidad del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO) en el marco del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia (PRTR), financiado por la Unión Europea – NextGenerationEU.


